Variedad
autóctona por excelencia de cuyos orígenes apenas
se tiene información. Se considera que fueron los romanos
(210 a.C) los verdaderos promotores de la viticultura en la cuenca
del Duero, invadiendo el territorio anteriormente vacceo y destruyendo
totalmente la ciudad a las órdenes del general cartaginés
Anibal.
El 11 de enero
de 1.505 se proclaman las 83 leyes en Toro, siendo esta sede
de las Cortes; una ciudad
que siglos más
tarde se consolidaría como capital de provincia. Son numerosos
los documentos que a lo largo de estos años ordenan, regulan
y reconocen el cultivo de la vid y su importancia económica
en la ciudad. El vino de Toro viajó al nuevo mundo bautizando
su descubrimiento, debido a características que le hacían
indomable en los largos viajes.
Tras la invasión filoxérica en España
en el año 1.870 el cultivo de la vid sufre una gran reconversión,
y es en Toro donde la variedad Tinta de Toro ancla sus raíces
en terrenos arenosos sueltos y bien drenados, conservándose
hasta nuestros días la multiplicación del viñedo
en pie franco. En esta fecha Toro cuenta con Estación
Enológica propia ubicada en la ciudad prestando servicios
técnicos a las demandas vitivinícolas del momento.
El 26 de mayo de 1933 a Toro se le otorga por primera vez la
Denominación de Origen. (Publicación Gaceta 4 de
junio de 1933)
En el año 1990 la Junta de Castilla y León se
ve inmersa en un plan de selección clonal y sanitaria
de la vid, rescatando y multiplicando las variedades autóctonas
de la Comunidad, entre ellas la Tinta de Toro, la cual goza en
este momento del sello de certificación como variedad
autóctona, con nombre propio, con características
agronómicas y ampelográficas bien definidas. El
comercio de la misma se expide con etiqueta azul y su número
de clon correspondiente. |